Cuando salimos de casa, constantemente nos vemos rodeados de tentaciones en forma de productos de consumo, ubicados en el lugar exacto para que nos sintamos atraídos por estos productos. Están por todos lados, podemos decir casi con total seguridad que cuando se compran este tipo de productos, nadie tenía una necesidad imperiosa, ni había pensado en ningún momento en comprárselo.
Ante esto nos surge la duda de como es posible que aun así tengan un éxito de ventas tan elevado. Son omnipresentes, cuando vamos a poner gasolina al coche, ahí están justo en frente nuestro antes de pagar, cuando pagamos en el supermercado, vuelven a aparecer esos chicles en forma de tentativa de compra, sales del metro, y te encuentras con una máquina de vending que te vende ese kit-kat en el que no habías pensado en toda la tarde.
Todos estos productos se pueden definir como productos de compra impulsiva, los cuales son aquellos en los que no había realizado ninguna planificación anterior de adquirirlos hasta el momento en el que se estableció contacto directo con el producto, es decir, que vamos a la tienda buscando cualquier otra cosa, y acabamos comprando este producto.
Esto es debido a que son productos que tienen un precio bastante bajo, y que producen una satisfacción inmediata, de modo que el sacrificio económico es mínimo, y tiene un efecto atractivo que surge cuando lo vemos. Por eso, cuando vemos el paquete de chicles en la gasolinera, se nos viene a la cabeza la posibilidad de comprar un chicle, porque tiene un precio insignificante y nos va a producir una satisfacción inmediata. Y es por esto también por lo que este tipo de productos de compra ultraimpulsiva nos persiguen a todas partes: cualquier momento nos parece bueno para comprarlos.

Estos productos han tenido que seguir un tipo de distribución denominada “intensiva”, que consiste en intentar colocar el producto allá donde se pueda. Y donde se pueda es donde se pueda, sin limitarse solo a tiendas, pues las máquinas expendedoras pueden hacer que estos productos estén a nuestra disposición en cualquier lugar por el que pasemos.
Por lo que, si la próxima vez no queremos comprar estos productos, ¡mejor será ir casi con los ojos vendados para no sentirnos atraídos!


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